ARTROPLASTIA Y DEPORTE

Dres. Miguel Ayerza, Matías Costa Paz, Luis Múscolo

RESUMEN

 

Con el fin de buscar pautas de conducta para con nuestros pacientes sobre el nivel de actividad física que es conveniente realizar luego de un reemplazo articular, hemos realizado una revisión de la literatura analizando dos aspectos: el primero esta relacionado con la capacidad deportiva que el paciente operado puede alcanzar, y el segundo con el desgaste o el aflojamiento del implante como consecuencia de esa actividad deportiva.

La mayoría de los cirujanos ortopedistas aconsejan disminuir el nivel de actividades en sus pacien­tes luego de una artroplastía de cadera o rodilla debido al riesgo teórico de aumentar el desgaste de los componentes protésicos de polietileno y de esta manera evitar una probable revisión por afloja­miento mecánico de los mismos. En la actualidad el cirujano ortopedista debe advertir a sus pacien­tes sobre el potencial riesgo de aflojamiento protésico al practicar actividades físicas de alto impacto. Aquellos pacientes que practiquen deportes deben ser controlados estrictamente en forma clínica y radiográfica para detectar la prematura aparición de osteolisis periprotésicas.

INTRODUCCION


Los reemplazos protésicos de las articulaciones de la cadera o rodilla han evolucionado en los últimos años hasta ser considerados un procedimiento quirúrgico reproducible que puede mejorar la capacidad funcional del paciente al disminuir el componente del dolor y corregir ciertas deformidades.
Es f recuente que pacientes activos pregunten, previamente al reemplazo articular, si luego de la cirugía podrán seguir practicando su deporte favorito, como por ejemplo el golf o el tenis.
El potencial aflojamiento mecánico de la prótesis relacionado con el mayor nivel de actividad física del paciente es un tema discutido en la literatura. Sin embargo son pocos los artículos que analizan los efectos de la actividad deportiva sobre la longevidad protésica.

Con el fin de buscar pautas de conducta para con nuestros pacientes sobre el nivel de actividad física que es conveniente realizar luego de un reemplazo articular, hemos realizado una revisión de la litera­tura analizando dos aspectos: el primero esta rela­cionado con la capacidad deportiva que el paciente operado puede alcanzar, y el segundo con el desgaste o el aflojamiento del implante como consecuen­cia de esa actividad deportiva.

 

CAPACIDAD DEPORTIVA LUEGO DE UNA ARTROPLASTIA

 

La literatura es limitada en este aspecto, ya que la mayoría de los trabajos están orientados a evaluar resultados funcionales en la vida diaria. Por ejemplo, Espehaug y colaboradores evaluaron 1.087 pacientes del registro nacional noruego de prótesis totales de cadera (PTC) comunicando un 84% de pacientes satisfechos con la actividad de la vida diaria5. En cuanto a las prótesis totales de rodilla (PTR), Finch y colaboradores evaluaron 29 pacientes con reemplazo protésico y los compararon con 40 pacientes normales6. Los pacientes operados alcanzaron al 80% de la funcionalidad del grupo normal, con una pérdida de velocidad del 15% para caminar y del 51% para subir escaleras. La fuerza del cuadriceps fue un 38% menor.
Estos resultados evidencian cierto grado de normalidad funcional en la vida diaria, pero resulta 1ógico pensar que una artroplastía afectara en cierta medida el rendimiento deportivo del paciente. Mallon y Callagahan evaluaron 115 jugadores de golf con PTC, y si bien ninguno de los encuestados refirió dolor durante el juego, la mayoría presentaba algo de dolor al día siguiente de jugar10. Fue interesante observar que cuando los mismos autores evaluaron a 83 golfistas con PTR, aquellos con reemplazos de la rodilla izquierda presentaron mayor dificultad y dolor, aduciendo cierta relación con la rotación del swing que se ejerce en el golf11.

DESGASTE O AFLOJAMIENTO PROTESICO COMO CONSECUENCIA DE LA ACTIVIDAD DEPORTIVA


Es aceptado que la mayor actividad del paciente puede acelerar el desgaste del polietileno, con el consecuente aflojamiento futuro del implante. Los primeros autores en analizar pacientes jóvenes con reemplazos articulares informan sobre un mayor índice de aflojamiento protésico. Según Chandler, en pacientes menores de 30 años, supuestamente con mayor actividad física, el 57% evidencio signos de aflojamiento protésico a los 5 años promedio1. También Dorr y colaboradores comunicaron, en pacientes menores de 45 años, un índice del 22% de recambio protesico3. Sin embargo, los resultados en gente joven con PTR son distintos, y aparentemente la sobrevida a los 18 años es del 94%, con cifras similares incluso en pacientes con sobrepeso2'7.
Aparentemente el desgaste de polietileno ha ido disminuyendo con el desarrollo técnico de los últimos implantes. Ilchman y colaboradores comunicaron recientemente en 25 pacientes con prótesis de cadera de Charnley un desgaste de la copa acetabular de solo 0,05 mm anual8. Sin embargo, la población evaluada en este estudio es muy reducida, ya que la actividad puede variar significativamente, como lo ha demostrado recientemente Schmalzried. Mediante un podómetro eléctrico analizó 11 voluntarios con artroplastías donde el promedio de pasos diarios fue de 4.988 con un rango que vario entre 395 y 17.718, demostrando que en los pacientes menores de 60 años había un 30% mas de actividad y en aquellos de sexo masculino la actividad aumentaba un 28%16.
Pocos son los trabajos que miden la actividad de los pacientes y analizan el porcentaje de aflojamiento protésico. En 1991, Kilgus y colaboradores definieron los diferentes grades de actividad y su relación con los porcentajes de revision9. Las actividades de alto impacto: tenis, trote, equitación, handbol y básquet, se asociaron con un índice de revisión del 28%. Las actividades debajo impacto: natación, golf, bowling, ciclismo, con un índice de revisión del 6%. De todas maneras, definieron que la única forma de medir la frecuencia, duración e intensidad de la carga en una articulación con cada actividad distinta, es mediante el uso de transductores internes, pero eso no es posible. Concluyeron que con niveles altos de actividad en general habría un incremento en los porcentajes de fallas en las prótesis.
Visuri y Honkanen estudiaron 366 individuos con PTC con un seguimiento promedio de 4 años que participaron de ejercicios de bajo impacto en forma recreacional y en 26 de estos pacientes (7%) se requirió la revisión de la prótesis. A pesar de que el porcentaje de revisión fue muy bajo, aconsejaron a sus pacientes evitar actividades de alto impacto como correr, trotar y deportes con pelota18.  

 

PUBLICACIONES QUE EVALUARON PACIENTES QUE REALIZARON ACTIVIDADES DEPORTIVAS

 

Con los progresos de la rehabilitación muscular y de la ampliación de las indicaciones quirúrgicas en los reemplazos articulares, varios artículos plantean que tipo de actividad física es adecuado luego de una artroplastía. Los resultados son variables y en algunos cases las conclusiones pueden ser cuestionadas.

Ritter y Meding, en un estudio realizado sobre 169 pacientes con un seguimiento mínimo de 3 años, concluyeron que participar en forma inteligente en actividades de bajo impacto como caminar, golf, natación, ciclismo o bowling, no tiene una influencia negativa en el resultado de una prótesis de cadera14.

Rutten evaluó las ventajas del remo después de una prótesis de cadera y considero una manera apropiada de rehabilitar15. Steinbruck y Gartner fueron menos dogmáticos pero concluyeron que la natación, ciclismo, gimnasia, caminar y remo son actividades convenientes luego de un reemplazo total de cadera17.

Dubs y colaboradores compararon dos grupos de pacientes luego de un PTC4. Sobre un grupo de 110 pacientes, 56% fueron catalogados para realizar ac­tividades deportivas intensas. Cuando compararon la incidencia de revisión por aflojamiento en los dos grupos, se encontró que el porcentaje de revisión era mayor en el grupo que no realizaba actividades. Es decir, en pacientes con actividad deportiva el porcentaje de revisión fue del 1,6% y en aquellos sin actividad deportiva el porcentaje de revisión fue del 14% a 6 años de seguimiento. Estos autores consideraron que "la actividad deportiva regular sin impacto produce un mayor nivel de tensión muscular, con potencial efecto beneficioso en la calidad ósea".
En la revista Arthroplasty, Mallon y Callaghan publicaron dos trabajos para evaluar los efectos del golf en los reemplazos articulares tanto de cadera como de rodilla1"•". Se basaron en una encuesta realizada a médicos y jugadores de golf. Tanto los médicos de la sociedad de cadera como los de la rodilla permitían en un 95% el retorno al golf luego de una artroplastía. Además, consideraron que no tuvieron mayor índice de complicaciones en los pacientes golfistas que en los no golfistas. Los pacientes que jugaban al golf con PTC tenían menores inconvenientes que los que tenían PTR.
En general, los médicos encuestados sugerían a los pacientes volver al golf después del cuarto mes, utilizando carrito para su traslado. Luego de un seguimiento promedio de 6 años de una serie de pa­cientes con PTC, los reemplazos articulares híbridos y no cementados parecían tener menores porcentajes de aflojamientos comparándolos con prótesis cementadas, pero no había diferencias clínicas en estos pacientes en relación con el dolor durante o después de jugar al golf. Por ultimo, en el American Journal of Sports Medicine del año 1999, Mont y colaboradores evaluaron los efectos del tenis luego de una PTC13. Estudiaron cincuenta y ocho jugadores experimentados de tenis con un promedio de edad de 70 años con un seguimiento promedio de 8 años. En esta serie realizaron revisión en solo 3 caderas (47o). En general, este particular grupo de pacientes volvió a jugar a los 7 meses, tres veces por semana, ganando movilidad pero perdiendo velocidad. El bajo índice de aflojamiento y el alto grado de satisfacción que se evidencio en este especial grupo de pacientes influye a los médicos tratantes en la indicación de permitir jugar al tenis en forma regular luego de un PTC.

 

DISCUSION


Existe poca evidencia en la literatura que soporte la recomendación de practicar deportes luego de un reemplazo articular de cadera o rodilla.

La mayoría de los cirujanos ortopedistas aconsejan disminuir el nivel de actividades en sus pacientes luego de una artroplastía de cadera o rodilla debido al riesgo teórico de aumentar el desgaste de los componentes protésicos de polietileno y de esta manera evitar una probable revisión por aflojamiento mecánico de los mismos.
Recientemente, una publicación de la Clínica Mayo analizo la indicación de permitir la práctica del tenis luego de una artroplastía1'. Sobre 28 cirujanos interrogados, solo 3 (11%) permitían jugar single, 9 (32%) permitían practicar doble y 16 (57%) no autorizaban el tenis.
Resulta difícil determinar que actividad física es conveniente recomendar a un paciente joven luego de una artroplastía. Solo en cada caso en particular, y luego de una explicación exhaustiva del tema, evaluando ventajas y desventajas con el paciente, se podría recomendar solamente actividad de bajo impacto,
Es necesario que los trabajos futuros que evalúen el grado de desgaste y de aflojamiento que ejerce la actividad deportiva sobre los implantes analicen sus pacientes no solamente en forma clínica sino también radiográficamente, comparando signos y patrones de aflojamiento. Deberan comparar los resultados con los de un grupo de pacientes control y cuantificar el grado de actividad, así como el grado de impacto que sufre la articulación afectada.
En el futuro, este tipo de investigaciones y el incremento de la calidad de los implantes podrán modificar las opiniones vertidas hasta el momento.
En la actualidad, el cirujano ortopedista debe advertir a sus pacientes sobre el potencial riesgo de aflojamiento protésico al practicar actividades físicas de alto impacto. Aquellos pacientes que practiquen deportes deberán ser controlados estrictamente en forma clínica y radiográfica para detectar la prematura aparición de osteolisis periprotésicas.

 

SUMMARY


In order to find rules of behavior for our patients as regards the convenient level of physical activity after a total joint replacement, we have carried out a review of the literature analyzing two aspects. The first one is related to the sport capacity that the patient may reach, and the second one with the loosening of the prosthesis due to the sports activity.
Mostly all orthopedic surgeons suggest that pa­tients should decrease the level of activities after a hip or knee arthroplasty as it may increasing the wearing out of the prosthesis polyethylene compo­nents and, in that way, avoid a probable revision due to their mechanic loosening. Presently, the orthopedic surgeon should warn the patients on the potential risk of the prosthesis loosening when practicing high impact physical activities. Those patients practicing sports should be strictly clinically and radiographically controlled in order to detect the early appearance of periprothesis ostheolysis.

 

BIBLIOGRAFIA

 

1.    1.Chandler HP, Reineck FT, Wixon RL, McCarthy J: Total hip replacement in patients younger than thirty years old. J Bone J. Surg 1981; 63-A (9): 1426-1434.

2.    2. Diduch DR, Insall JN, Scott WN, Scuderi GR, Font Rodriguez D: Total knee replacement in young, active patients. Longterm follow-up and functional outcome. J Bone J. Surg 1997; 79-A (4): 575-582.

3.    3. Dorr J, Takei GK, Conaty JP. Total hip replacement in patients younger than 45 years. J Bone Jt Surg 1983; 65-A: 474-479.

4.    4. Dubs L, Gschwend N, Munzinger U: Sport after hip arthroplasty. Arch Orthop Trauma Surg (Germany West) 1983; 101 (9): 161-169.

5.    5. Espehaugh B, Ravelin LI, Engesaeter LB, Lamgeland N, Vollset SE: Patient satisfaction and function after primary and revision total hip replacement. Clin Orthop 1998; 351: 135-148.                                                                                              

6.    6. Finch E, Walsh M, Thomas SG, Woodhouse LJ. Functional ability perceived by individuals following total knee arthroplasty compared to age-matched individuals without knee disability. J Orthop Sports Phys Ther 1998; 27 (4): 255-263.    

7.    7. Griffin FM, Scuderi GR, Insall JN, Colizza W: Total knee arthroplasty in patients who were obese with 10 years follow-up. Clin Orthop 1998; 356: 28-33.

8.    8. Ilchman T, Markovik L, Joshi A, Hardinge K, Murphy J, Wingstrand H: Migration and wear of long term successful Charnley total hip replacement. J Bone Jt Surg 1998; 80-B (3): 377-381.

9.    9. Kilgus DJ, Dorey FJ, Finerman GA, Amstutz HC: Patient activity, sports participation, and impact loading on the durability of cemented total hip replacement. Clin Orthop 1991; 269: 25-31.
10. Mallon WJ, Callaghan JJ: Total hip arthroplasty in active golfers. Arthroplasty 1992; 7: 339-346.
11. Mallon WJ, Callaghan JJ: Total knee arthroplasty in active
golfers. Arthroplasty 1993; 8 (3): 299-306.
12. McGrory BJ, Stuart MJ, Sim FH: Participation in sports af­
ter hip and knee arthroplasty: review of literature and survey of surgeon preferences.
Mayo Clin Proc 1995; 70 (4): 342-348.
13. 
Mont MA, LaPorte DM, Mullick T, Silberstein CE, Hungerford DS: Tenis after total hip arthroplasty. Am J Sports Med 1999; 27 (1): 60-64.
14. 
Ritter MA, Meding JJ: Total hip arthroplasty: Can the pa­tients play sports again? Orthopedics 1987; 10 (10): 1447-1452.
15. 
Rutten M: Rudern mit einer Hufttotalprothese. Z Orthop 1979; 117: 830.
16. 
Schmalzried TP, Szuszewicz ES, Northfield MR, Akizuki KH, Frankel RE, Belcher G, Amstutz HC: Quantitative as­sessment of walking activity after total hip or knee replace­ment. J Bone Jt Surg 1998; 80-A (1): 54-59.
17. 
Steinbruck K, Gartner BM: Totalendoprothese und sport. Munch Med Wochenschr 1979; 121:1247.
18. Visuri T, Honkanen R: Total hip replacement: its influence on spontaneous recreation exercise habits. Arch Phys Med
Rehabil 1980; 61: 325.