FRACTURA
BILATERAL DEL QUINTO METATARSIANO EN
UN ATLETA TRASPLANTADO: PRESENTACION DE UN
CASO Y DISCUSION DE LA PATOGENIA
Dr. Javier Maquirriain*" Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, Buenos Aires.
RESUMEN
Los
pacientes trasplantados sufren frecuentemente complicaciones músculo esqueléticas
como fracturas
y osteonecrosis. Presentamos un caso de fractura bilateral del quinto
metatarsiano simultáneas y se intenta
discutir la etiología multifactorial de las lesiones por estrés en esta
población deportiva especial.
PRESENTACION
DEL CASO
Un
jugador de tenis de 32 años de edad se presento
con dolor en pie derecho de comienzo súbito durante
una sesión de entrenamiento. Al examen físico
presento dolor palpatorio sobre la extremidad proximal
del quinto metatarsiano derecho con edema
regional y el estudio radiográfico confirmo una fractura oblicua bien delineada
sin esclerosis intramedular
ni hipertrofia cortical. El tratamiento
inicial consistió en inmovilización con bota corta de yeso no deambulatorio.
La historia clínica reveló
un trasplante renopancreático 18 meses atrás como
tratamiento de su neuropatía diabética crónica iniciada
a los 8 años de edad. Las complicaciones luego
del procedimiento con donante cadavérico incluyeron hematuria recurrente,
neumonía por pneumocystis carini, cuatro
episodios de rechazo tratados con
pulsos de metilprednisolona, y la fractura de radio izquierdo.
El examen físico mostró una alineación
normal de los miembros inferiores, sin discrepancia de longitud de los mismos, inestabilidad articular
tibioastragalina ni sobrepeso. Los estudios bioquímicos
realizados un mes antes del episodio mostraban:
Hb 15,3 g/dl, hematocrito 47%, GR 4,81
Dos semanas después, el atleta presento dolor agudo en su pie izquierdo al intentar abordar un vehículo, y el estudio radiográfico mostró una fractura corta del quinto metatarsiano involucrando solamente la cortical lateral (Figura IB). El tratamiento consistió en una bota corta de yeso no deambulatorio y se prescribió calcitonina 100 mg/día. Ambos yesos fueron retirados a las 8 semanas aunque las radiografías no mostraban signos de curación. El paciente refirió solamente un disconfort leve en el sitio lesional y se instruyo tratamiento de terapia física para mejorar el rango de movimiento y propiocepción. El atleta retomo gradualmente a sus actividades diarias sin síntomas, a la enseñanza de tenis a los 7 meses, a trotar a los 9 meses, pero las radiografías tomadas a los 12 meses no alcanzaron los criterios de tratamiento satisfactorio, mostrando una unión incompleta de ambas fracturas y esclerosis modular. La amputación quirúrgica del hallux izquierdo fue necesaria durante el periodo de curación de las fracturas debido a la microangiopatía crónica.
DISCUSION
El
tratamiento de la insuficiencia renal crónica comprende
la diálisis o el trasplante renal. El transplante pancreático
constituye una opción de tratamiento eficaz
para aquellos individuos que requieren
un trasplante renal debido a diabetes insulinodependiente; todos los trasplantes pancreáticos necesitan
un trasplante renopancreático. La nefropatía
usualmente ocurre diez o más años luego del comienzo
de la diabetes.
El
estudio de la patogenia del presente caso muestra
diversos factores predisponentes: la calidad óse la
terapia inmunosupresora, la nefropatía diabética la
osteodistrofia renal, la actividad deportiva y sobreuso
debido a un comportamiento competitivo
Los
pacientes renotrasplantados son propensos sufrir
diversas complicaciones clínicas; los problemas
músculo esqueléticos, fundamentalmente fracturas
y osteonecrosis, comprenden el 16% del tol de dichas intercurrencias1.
Ambas lesiones presentadas
por este paciente pueden ser consideradas como fracturas por insuficiencia,
definidas con aquellas fracturas por estrés
sufridas por individuos con
condiciones clínicas en las cuales el hueso es anormal o incapaz de soportar fuerzas habituales2. Las
fracturas por estrés ocurren porque la respuesta tisular es incapaz de compensar
o reparar el daño causado por una carga repetitiva, cíclica o anormal. Las
fracturas por estrés del quinto metatarsiano se presentan frecuentemente en pacientes con trastornos
neuropáticos como la diabetes debido a la disminuida sensación protectiva del pie3.
Torg
y colaboradores definieron a la fractura diafisaria
del quinto metatarsiano como la fractura patológica
de la porción proximal de 1,5 cm de la diáfisis
mientras que la fractura de Jones representa una
lesión aguda en el mismo sitio4. No pudo hallarse
comunicación alguna de fracturas bilaterales en esta localización en la
literatura médica.
La
anatomía vascular del quinto metatarsiano influye
en la dificultad de curación de esta fractura. Shereff
y colaboradores5 mostraron que allí la irrigación
consiste en una única arteria nutriente de la diáfisis,
con arterias epifisarias y metafisarias irrigando la base y la tuberosidad. Los
vasos nutrientes atraviesan la corteza medial del metatarsiano en la unión del
tercio proximal con el tercio medio de la diáfisis. La
localización de la fractura por estrés corresponde a
ese sitio, dejándolo posiblemente avascular.
El
tratamiento primario de estas lesiones sigue siendo
controvertido, entre el manejo conservador o
quirúrgico inicial. Aunque la cirugía puede acelerar el tiempo de recuperación
de ciertas fracturas, la mayoría
de ellas curaran con inmovilización. Torg y
colaboradores4 han sugerido que las fracturas agudas deben ser
tratadas con inmovilización en un yeso no deambulatorio, mientras que los
retardos de consolidación
o seudoartrosis son tratados mas eficazmente
con curetaje, injerto óseo y fijación. Aunque los
métodos conservadores pueden ser suficientes para
la población general, la incidencia de complicaciones
hace a ese método menos adecuado para el atleta profesional. El tratamiento de
las fracturas por estrés
es de por si muy dificultoso; por lo tanto, el manejo
de esas lesiones en poblaciones especiales como
los atletas trasplantados constituye un verdadero
desafío médico. Se requiere un enfoque multidisciplinario
que incluya medidas de prevención
adecuadas para tratar este tipo de lesiones en esta población deportiva en crecimiento.
Los
trasplantados renales presentan con mayor frecuencia
fracturas de huesos trabeculados, probablemente
debido a la osteopenia inducida por glucocorticoides,
la cual ocurre en los primeros seis meses
luego del procedimiento7. Los trasplantados renales
están particularmente propensos a la osteoporosis.
Últimamente, estudios longitudinales han evidenciado
una fuerte declinación en la DMO en el primer año del trasplante8, pero no han sido
realizados aún estudios
de largo plazo. Los menores valores promedio de DMO fueron hallados a los 12-24 meses
postrasplante, mientras que no se hallaron perdidas
óseas luego del segundo año, mas allá de la declinación normal de acuerdo
con edad y sexo. El promedio de las
dosis de prednisona fue significativamente menor durante los dos primeros
años del trasplante comparado con el período
siguiente8. El uso diario de ciclosporina A y azatioprima, el nivel
de parathormona y la función del injerto, no demostraron diferencias significativas antes y después del
segundo año del trasplante.
Puede
concluirse que el valor bajo de DMO preexistente
al momento del trasplante es además fuertemente
reducido durante los dos primeros años, debido
posiblemente a los efectos de la corticoterapia8.
Luego de ese periodo, cuando la dosis de prednisona
desciende debajo del umbral de 7,5 mg/día, solo una moderada perdida de la DMO es aparente, aun
luego de 20 años de seguimiento.
Los
hallazgos en cultivos de tejidos indican que los
glucocorticoides tienen un efecto directo sobre el
hueso, inhibiendo la formación ósea y aumentando
la resorción. Además, disminuyen la absorción de
calcio en el intestino y aumentan su excreción. Como
consecuencia, al menos el 50% de los pacientes
con corticoterapia prolongada desarrollan osteoporosis10.
Estudios prolongados de prevención de osteoporosis
por corticoides no han sido aún realizados
pero razonablemente se recomienda el uso de esteroides de corta vida
media en la menor dosis posible, el
mantenimiento de la actividad física, el adecuado consumo de calcio y vitamina D, la restricción de sodio y uso
de diuréticos clorotiazidas y el
reemplazo hormonal. En casos refractarios, el uso de calcitonina,
bifosfonatos, fluoruro de sodio o anabó1icos
esteroides puede ser recomendado. Por nuestra
parte aconsejamos a todos los pacientes trasplantados interesados en la competición deportiva, el
seguimiento por estudios de DMO y terapia medicamentosa para minimizar la
perdida ósea.
La
osteodistrofia renal es la causa principal de la osteopenia
inicial y la recuperación puede ser alcanzada
con el trasplante, debiéndose los cambios secundarios luego del mismo a la
terapia inmunosupresiva9.
Takeo y colaboradores concluyeron que la patogenia
de las fracturas espontáneas que sufrieron el 22% de un grupo numeroso de
pacientes renotrasplantados estaba relacionada con la osteoporosis inducida por
corticoides y no por la osteodistrofia
renal9. En nuestro paciente, esta ultima causa
aparece como poco relevante dado su casi normal
valor de PTH.
Las
fracturas por estrés han sido asociadas con
Los
pacientes trasplantados han conseguido una mejor
calidad de vida en los últimos años y su participación
deportiva ha aumentado significativamente.
Actualmente, la actividad física es considerada esencial
para el bienestar de los órganos trasplantados
y sus receptores.
Originalmente los atletas trasplantados eran receptores renales, quienes competían recreacionalmente; sin embargo, gradualmente los pacientes trasplantados de otros órganos (corazón, hígado, pulmón, médula ósea) fueron también admitidos, lo que significa un mayor número de participantes y un mayor nivel de rendimiento. La performance es influída por el tipo de trasplante; mientras la mayoría de los injertados renales y hepáticos pueden retomar su condición física previa, esto no es así para los trasplantados cardiacos y pulmonares, quienes se ven permanentemente afectados por al denervación cardíaca y una función pulmonar alterada, que frecuentemente los obligan a abandonar la competencia. Estas deberán ser adecuadas a cada categoría para permitir una participación equilibrada, en disciplinas de bajo impacto con características recreativas, y las competencias deberán mantener, por el momento, su propósito original de generar interés en la donación de órganos.
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